– Pues en marcha, la aventura espera.-

 

Comenzaron a caminar con paso firme y al poco rato llegaron a las explanadas, que Peter había visto anteriormente.

 

Pasó la media hora y el pitido de varios silbatos, hizo que se hiciera el silencio absoluto. Todos pusieron atención a los monitores que se habían colocado repartidos a lo largo del camino, separados cada uno del otro un par de metros, cada uno con una carpeta en la mano.

 

Cada monitor, megáfono en mano se presentaba y luego nombraba a aquellos que formaban sus grupos. Una vez que ese monitor finalizaba, comenzaba el siguiente a nombrar los componentes de sus grupos. Así lo fueron haciendo monitor tras monitor, para no formar una batalla de megáfonos que habría hecho imposible entender nada. Cada monitor tenía asignados seis grupos de actividades y luego un número variable de cabañas.

 

Cuando llegó el momento de que Christian nombrara sus grupos. Los primeros nombres que dijo fueron los de Peter y el resto del grupo.

 

 

Stella puso una grata cara de sorpresa y como ella… también el resto.

David, siempre tan espontáneo dijo:

 

– Esto es genial. Ni que lo hubiéramos hecho aposta… menuda suerte el que nos juntasen para el grupo de actividades a todos.-

 

Seguidamente, cada monitor guió a sus grupos a las cabañas. Éstas estaban dispuestas en forma de tres herraduras paralelas, dividiendo el camino a dichas herraduras en dos. A un lado las de los chicos y al otro las de las chicas. Esto permitía que se formase una gran zona central, en la que podían reunirse todos.

 

Las cabañas eran de madera, con un pequeño porche a la entrada. La puerta, que tenía un pequeño ventanuco, se encontraba flanqueada por dos ventanas, una a cada lado de ésta. Un número, situado encima de la puerta, identificaba cada cabaña.

 

 

Christian se dirigió a unas de las cabañas de madera, abrió la puerta y entregó un juego de llaves a Peter, quien las repartió entre el resto del grupo.

 

– Bien chicos, ésta será vuestra casa durante esta quincena. Poneos cómodos y repartíos las camas como queráis.-

 

A continuación acompañó a las chicas a su cabaña. Ésta se encontraba al otro lado del camino, pero apenas a unas decenas de metros de la de los chicos.

 

Las cabañas por dentro no eran muy grandes, aunque lo suficiente para albergar dos literas a cada lado. Se notaba que el grupo de Peter, era el primero que llegaba ese verano, porque había un olor fuerte a madera, aunque bastante agradable, como la resina de los pinos. Señal de que habían pasado alguna temporada cerradas. Tenían forma cuadrada. De frente a la puerta había una ventana, desde la cual se veía el bosque. A cada lado, un par de literas de madera, con unos colchones cubiertos con sábanas blancas. Por el tacto, se notaba que éste no era el primer año que las sábanas iban de campamento.  A los pies de la litera inferior, había dos arcones de madera, uno para cada cama, donde podían guardar sus cosas. Una manta doblada en la parte baja de la cama, y una mesilla con una lámpara bajo la ventana, eran todas las comodidades que tenían a su disposición. Aunque tampoco necesitaban mucho más.

 

Billy, hizo demostración de que no era el primer año que iba al campamento y lanzó con fuerza su mochila sobre una de las literas superiores. A Peter, que había entrado el primero, le gustó el gesto e hizo lo mismo. David y Alex, se dieron cuenta tarde del movimiento y dejaron con resignación sus mochilas sobre las literas inferiores.

 

La cabaña de las chicas, tenía la misma disposición que la de ellos. Las chicas también tenían predilección por las alturas. En éste caso Natalie y Stella ganaron la partida.

 

Cuando las chicas habían dejado sus equipajes y probado las camas, salieron al pequeño porche de la cabaña.

 

Como sus cabañas estaban situadas en la herradura más pequeña, podían verse sin ningún problema.

 

Stella vio a David que las saludaba desde la puerta de su cabaña y respondió al saludo, agitando los brazos con alegría.

De repente, comenzó a sonar una alegre melodía que no duró más que un par de segundos. Se hizo el silencio. Se oyó un carraspeo y de nuevo el silencio. El sonido provenía de un grupo de megáfonos, colocados sobre un enorme tronco situado en la zona central. Todos nos miramos con sorpresa y algunas risas. De nuevo sonó la música y al cabo de unos instantes alguien comenzó a hablar por la megafonía.

 

– Atención.- Resonó una voz ronca que debía de ser del monitor jefe. – Antes de nada, quiero daros la bienvenida al campamento. Como ya se ha terminado de formar los grupos y repartir las cabañas, tenéis media hora de tiempo libre, que os sugiero que ocupéis, en colocar vuestras cosas en los armarios y conocer un poco a vuestros

Compañeros de cabaña y vecinos. También podéis daros una pequeña vuelta para conocer el resto de las instalaciones.

 

 

Después de esa media hora, vuestros monitores asignados, pasarán por las cabañas para entregaros los horarios de las actividades de mañana. Os indicarán los lugares donde se realizará cada actividad y…- Dijo haciendo una pausa. – ¿Me imagino que ya tenéis hambre, no? –

 

– Sí.- Dijeron al unísono.

 

– Pues siento mucho deciros esto, pero los camiones que tenían que venir con la comida, no han podido llegar porque se han estropeado. Hasta mañana por la tarde sólo podréis comer piñas del bosque y alguna lagartija que atrapéis…-

 

– Ufff-  dijo Billy volviéndose hacia el resto de chicos. – Todos los años hace lo mismo.-

 

– Que es ¡bromaa¡ seguro que alguno se lo ha creído, me encanta hacer esto.- Dijo el monitor jefe riendo.

 

– Los monitores os llevarán al comedor, donde os espera una estupenda comida de bienvenida, para que cojáis fuerzas. Allí también se dan los desayunos, meriendas y cenas. Hoy también haremos un fuego de campamento nocturno, con bailes y divertidas sorpresas. El resto os lo iré diciendo más adelante. Gracias por escuchar en silencio. Disfrutad de vuestra estancia en el campamento.-

 

– Todos aplaudieron contentos.-

 

Muchos salieron disparados a ver las instalaciones, otros se tumbaron plácidamente en sus literas, otros, los más responsables, sacaron sus cosas de las mochilas y las colocaron en los arcones.

 

Los grupos de chicos y chicas, colocaron rápidamente sus cosas y salieron para encontrarse en el camino.

17 comentarios en “Peter Samensil y el campamento 4.

  1. “Cuando llegó el momento de que Christian nombrara sus grupos. Los primeros nombres que dijo fueron los de Peter y el resto del grupo.”

    Siento redundante el “grupo” sugiero “comitiva” “compañia” “tropa” “horda” “manada” o “piara” a falta de otros sinónimos mejores. X)

    Le gusta a 1 persona

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