Los grupos de chicos y chicas, colocaron rápidamente sus cosas y salieron para encontrarse en el camino.

 

 

 

Ambos grupos parecían cada vez mas unidos.

 

Las chicas habían tenido buen ojo eligiendo a sus compañeras, al igual que ellos. Alexia, era la mayor de su tienda con catorce años y Brenda solo tenía uno más que Stella aunque se encontraban muy a gusto juntas y tenían muchas cosas en común.

 

En el otro lado Peter y David, parecían hermanos, Alex no paraba de bromear con Natalie y Billy era por ahora bastante reservado, aunque era normal, acababa de conocer a todo el mundo.

 

Y la media hora pasó. Poco a poco, todo el mundo fue reuniéndose en la explanada central, esperando la llegada de los monitores. Al poco, apareció Christian que reunió a los ocupantes de sus cabañas asignadas.

 

 

– Bueno chicos, ésta tarde, después de la comida podéis ir a las cinco a la apertura de la piscina. Hoy no hay actividades hasta esta noche. Haremos el fuego de campamento.

Mañana comenzaremos con los talleres en los que os debéis de apuntar hoy. Hay de varios tipos: talleres de nudos marineros, taller de baile, taller de cocina, taller de disecado de plantas e insectos, hay para todos los gustos. Tenéis éstos y el resto de talleres, expuestos en las cristaleras del comedor. Os dejo ésta ficha y un bolígrafo para que os apuntéis. Entregádmelo antes de ésta noche. Mañana después de desayunar empezareis con vuestra elección, que será de una hora al día durante una semana y luego se cambia la siguiente semana por otro taller. –

 

Brenda, que era intrépida aventurera y eso de los talleres le parecía demasiado tranquilo para sus gustos, interrumpió sin poder remediarlo a Christian.

 

– Pero Christian, ¿saldremos algún día de excursión?

 

– Claro, hay varias preparadas, la primera será dentro de dos días. Será una actividad en grupo, nocturna, donde tendréis premios.

 

– Ainsssssss ¿y no nos puedes decir que haremos?- Dijo Brenda, mientras todos le interrogábamos con la mirada.

 

– Bueno, es una Gymkana en el bosque que os gustará. Pero guardadme el secreto.

Si el resto de monitores se enteran de que os lo he dicho. Hmm, tendré que decir que me torturasteis para sacarme la información, Eh?.- Dijo guiñando un ojo al grupo.

 

– Por cierto, el comedor ya está abierto y como no me vais a sacar más información, será mejor que os vayáis ya a comer. Si se acaban la comida buena, seguro que comienzan a sacar las piñas y lagartijas.-  dijo, con una sonora risotada.

 

Fue escuchar la palabra comedor y les faltó tiempo para salir corriendo como una marabunta.

 

Después de terminar saciados, ya que la comida estaba bastante bien y era abundante, volvieron hacia las cabañas. Formaron un círculo de tertulia delante de la cabaña de las chicas. Era un grupo de ocho bastante bien avenido y fue un buen momento para conocernos aún más.

 

Se respiraba un ambiente de buena energía, ilusión, diversión y llego la hora de la piscina. Las chicas fueron a cambiarse a los baños, que tenían un pequeño vestuario y los chicos actuaron igual.

 

La tarde estuvo llena de chapuzones, de risas, de competiciones ya conocidas por algunos y compartidas con el resto y así pasaron la tarde. Al llegar la noche, se cambiaron de ropa, cenaron en el comedor y llegaron al deseado fuego de campamento.

 

En el hicieron una gran hoguera y todos en círculo, como Billy ya les había adelantado, bailaron y cantaron todas y cada una de las canciones de campamento. Los juegos y bromas de los monitores, consiguieron que todos los chicos se integraran y sobre todo que perdieran totalmente la vergüenza.

 

 

A las doce de la noche, el grupo de monitores nos indicó que finalizaba el fuego de campamento y que todos debíamos ir ya a la zona de cabañas, habían estirado el día hasta final y algunos se encontraban ya agotados.

 

Peter, agarró la mano de Stella, separándola un poco de sus compañeras, aminorando el paso. Necesitaba sentir su mano en el camino a las cabañas. Habían tratado de integrarse bien con el resto de compañeros y sobre todo de no incomodar a nadie. Especialmente a Natalie.

 

– ¿Cómo te lo has pasado?- la preguntó Peter a Stella, aunque ya sabía la respuesta de antemano, viendo la sonrisa que lucía en su cara.

 

-¡Muy bien!- respondió sin dudarlo.

 

Peter dio un beso a Stella, antes de despedirse de ella.

 

– Buenas noches, no cotilleéis mucho- Dijo Peter encaminándose a su cabaña.

 

– Descuida, cuidaré que las chicas no hablen mal de ti.- Respondió Stella dirigiéndose a su cabaña.

 

Ninguno de los dos se había percatado de que Natalie estaba observándolos desde la ventana de la cabaña.

 

Aquella noche, pasó rápido, ya que el cansancio hizo que todos cayeran en un profundo sueño. Sólo los ronquidos de Billy rompían el silencio en la cabaña de los chicos.

 

A las ocho de la mañana, todo el mundo despertó con el sonido del canto de un gallo. Era el sonido de despertar de campamento, puesto por megafonía. Tres cantos seguidos y luego música. Hora de desperezarse.

 

7 comentarios en “Peter Samensil y el campamento 4.

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