Era ese hombre de manos cuarteadas

De mucho vivido, de historias contadas.

De experiencias miles, de millas andadas

 Hijos, nietos…Y de tierras otorgadas.

 Campo, de sus familias sacrificadas.

De una juventud desvanecida

Con su cabeza, poco tupida.

De cejas blancas muy pobladas

Y unas piernas lentas y agotadas;

Agradeciendo cada día de vida.

Era una vista de lejos obnubilada

Un rosario de arrugas siendo pellejo,

Una vivencia de suela desgastada

Mayor, comúnmente… llamado viejo.

De orejas más grandes y nariz afilada.

Era décadas en siglo convertidas

De altura en hueso, por peso reducidas.

Era aquel señor… reliquia de momentos

De avances por el hombre y las tecnologías;

Era sabio en mencionar relatos de los tiempos

Del que se emocionaba, al recordar sus días.

Era el que despidió familiares queridos

El que le dijo adiós incluso a los amigos.

El que gozo de risas y alborotos

Quien cambio la peseta con desconsuelo

Por un euro…que le dio nombre de abuelo.

Tercera edad, dejando aquel mozuelo

De vitalidad plena y vida colorida.

Quien  en su bolsillo lleva un pañuelo

Y su salud con años, ya esta dolorida,

Más teme por ser viejo… ver su partida.

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7 comentarios en “El viejo

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