salafrancablog

El despertador sonó pronto. Su madre subió la persiana y le metió prisas. Peter se quejó de su estómago, esperando la indulgencia de su madre al verle mal. Su madre le conocía perfectamente, – Venga Peter. Apresúrate que no vamos sobrados de tiempo- simplemente no había marcha atrás.

Peter salió por la puerta. Llevaba la mochila puesta y llevaba tantas cosas que se tambaleaba en cada paso.

De camino, en el coche, su madre le fue contando que era un campamento en la montaña y que le aguardaban un montón de actividades divertidas.

Después de más de hora y media de trayecto, llegaron al campamento. Les recibió una enorme puerta abierta. A cada lado de la puerta, continuaba una valla de piedra, que parecía no tener fin.

Diana aparcó el coche y descargó con dificultad la pesada mochila de Peter, dejándola en el suelo.

– Peter cariño espérame aquí un…

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