Repetí al día siguiente el mismo itinerario para volver a encontrarme con ella. Y por supuesto el destino nos tenía preparado que volviéramos a coincidir, por más que yo remonté los pasos con exactitud que se dieron el día anterior… No pude coincidir con ella.

Cuando volvía de vuelta a mi casa, metido en el vagón de metro, con mi mirada perdida  pensando en ella, entre el tumulto de la gente en hora punta… los cuerpos se comprimieron como cualquier día a esa hora, para lograr cerrar las puertas de un vagón donde nos estrechábamos.

Miré a mi lado, notando un codo clavado en mi costado, recorriendo la mirada por una preciosas curvas de mujer y mi rostro se iluminó.

Tenía sin margen de distancia mis ojos de caramelo mirándome; reconociendo con un mordisco travieso en su labio.

Mis ojos oscuros brillaban con una alegría que aceleraba mis pulsaciones, sentía que de la emoción me podía dar un ataque al corazón inminente.

Esta vez era yo el que se ruborizó de manera inevitable. Su mirada me hablaba, su codo en mi costado no importaba, quería que no se bajara nadie en ninguna estación; que se parase el tiempo para poder memorizarla.

Hasta que logré romper aquel silencio, (ya que no sabía en qué parada podría bajarse)

– Trataré de moverme para que puedas estar más cómoda-

– Perdona te estoy clavando el codo- , la sonreí con ternura

– No me molestas, al contrario lo decía por ti, perdona tutearte desconozco tu nombre me parece que ayer también nos vimos, mi nombre es Javier por si coincidimos en otra-

Le decía con su mirada color caramelo clavada en mi rostro mientras que trataba de girarme para darla amplitud

– Encantada Javier yo soy Paz-

Dichoso nombre pensé al escucharlo mientras que se bajaba bastante gente en esa parada.

Ella no se distanció y mantuvo la misma distancia corta, a pesar de haber bastante sitio para no hacerlo. – ¿Trabajas o vives por aquí? me preguntó con su amplia sonrisa y sus ojos dulces anclados en mi. Había dado un giro mi mundo, curiosamente sentía que ella sentía el mismo interés por mí, una preciosa mujer llamada Paz con alma de diablo, con una sutileza que embriagaba y una pícara sonrisa que desvelaba sus encantos.

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20 comentarios en “Paz…

  1. …Y comienza una escena romántica a bordo del metro. Emergen las mariposas en el estómago, que revolotean con cada palabra escapada de los labios de aquella dulce “Paz”
    Pasa a menudo, que entre la multitud viajante y apretada de metro, en horas pico, unas miradas se cruzan como con ganas de engendrar algún interés.
    Excelente relato amiga. Te deseo un felíz día.

    Le gusta a 2 personas

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