• Javier te agradezco tu invitación que tendrás que corresponder con la mía, ya que mañana… cenar tenemos que cenar los dos y si no tienes nada que te lo impida me encantaría invitarte a cenar a mi casa, el único inconveniente, que cocino yo- me dijo entre risas.

 

Mi estomago se dio totalmente la vuelta de la emoción, lo que parecía una casi despedida hasta saber cuándo podría volver a verla, se había convertido en un mañana.

 

  • Por supuesto será un verdadero placer –

 

Y así con la cuenta pagada en la mesa, volví a llevarla a su casa, cuando estábamos en su puerta…

 

  • Mañana a las 20 horas- inclinándose hacia mi boca y dejándome un precioso beso entre mis labios.

Me quedé hasta que la puerta de su portal se cerró y regresé a mi piso.

 

Sin conocer que sería los sueños húmedos… de mi Paz picara.

 

El transcurso del martes pasó sin más pena  ni gloria que desear con más ganas aún, que las horas alcanzaran la hora de la cita y de ese modo; llego el momento.

 

Llegando con anterioridad miré el reloj y mi corazón comenzó a palpitar más rápido que nunca, me convertí en un niño que espera impaciente ver su árbol de navidad.

 

Apagué el motor del coche y bajé con una rosa que había comprado para Paz, entonces mi teléfono sonó: – deja de hacer tiempo, la cena está lista; 3º C (con un emoticono de una cara traviesa) al recibirlo me precipité a su portal.

 

Creo que intuía que Paz, iba a dar mucha guerra esa noche y quería ser su soldado indicado.

 

Fue entonces cuando llame al telefonillo y Paz me abrió, subí en ascensor y frente a su puerta no pude llamar al timbre cuando su mirilla… pasó del opaco al reflejo de luz y se abrió su puerta.

 

Ella estaba en el umbral de su puerta con una cara traviesa indicándome pasar, mi rosa pasó a un segundo plano, tenía frente a mí a una ninfa con un delantal blanco, unas medias negras transparentes de cristal hasta sus muslos, y un precioso postre que con el delantal no podía averiguar.

 

Medio bobo y absorto en aquella ninfa le entregué mi rosa, yo dentro de su casa sentía que el plato de cena sería yo. Paz generosa se acercó dándome un beso en los labios.

 

  • Qué bonito detalle, muchas gracias, ponte cómodo.-

 

Mientras que girando hacía la cocina con la flor, mi cuerpo se estremeció por completo, su cuerpo tenia únicamente aquel delantal blanco, aquellas medias de cristal, con un conjunto de lencería negro también con transparencias, su espalda estaba para regalo con el lazo del delantal por adorno, sus nalgas eran un camino hacia el infierno, con unas piernas largas y delgadas hasta unos tacones.

 

Tragando saliva me quité la chaqueta del traje sentía un calor que me estaba bañando en sudor, tenía que relajarme y guardar las composturas, ante una malvada Paz que me tenía asombrado.

 

Me acerqué a la cocina con ella – en que te puedo ayudar ¿qué hago? – Ella con una cara dulce pero perversamente pícara…

 

  • Vete llevando las cosas a la mesa grande del salón-

 

A unos milímetros de distancia quería comerla a besos, hacerla totalmente mía, pero tenía claro que las riendas del juego las llevaba ella y no quería anticipar las sorpresas que quería prepararme.

 

Una cubitera con hielos y un vino rosado.

Unas copas, langostinos en fuente con una salsa rosa…

 

Veía como estaba quitando la costra de sal a unas doradas con mucho cuidado y comprendí que había estado totalmente dedicada a esa cita, y que tenía delante un sueño con artes culinarias.

 

Se me estaba haciendo muy difícil controlar un animal que la subiría al cielo en besos mientras que perverso la recorrería  todo su cuerpo.

 

  • Estas muy callado, ¿qué tal fue tu día?- Me decía de manera cariñosa rompiendo el hielo de una tensión que me había atrapado.
  • Si te digo la verdad, aburrido y rutinario hasta que ha dado un giro de 90º- La respondía con una sonrisa.

 

Mientras que seguía poniendo la mesa y se la escuchaba decir: – Me alegro-

 

Su casa era muy acogedora, totalmente organizada.

Volví a la cocina a por los cubiertos mientras que ella los tenía en sus manos para entregármelos y muy pegada a mí se alzaba para pasar su lengua por mi cuello. Mi impulso fue dejar en la encimera de nuevo los cubiertos, el suyo seguir dirigiendo el juego y volver a ponérmelos en la mano.

 

Me dirigí al salón para colocarlos con una tensión que no podía evitar tenerme descolocado, nunca había dado con una mujer así.

 

Entonces escuche: – la dorada ya está preparada-

Era quien dirigía una orquesta que yo necesitaba tocar, se sentó en frente y dijo: – Espero que te guste porque esto, no es un restaurante-

Mi cara de pillo dijo rápidamente:- ¡me encanta!-

  • Jajaja pero… si no lo has probado-

Hizo el gesto de abrir el vino y me adelante para servir las copas.

Alzó la copa y dijo: – por muchos momentos como este-

Yo ruborizado dije – Amén- entre risas.

 

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25 comentarios en “Paz

    1. Para torpe yo que si no lo hice es porque no sé cómo hacerlo jajaja, tendré que indagar como se hace para ponerlo numerados, bueno estoy de lunes dices poner en vez de paz poner paz 1,2,3… Jajaja claro que puedo lo haré para comodidad de todos que yo hablaba de otra cosa 😘

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