Verdaderamente se lo había tomado muy bien, mucho mejor que me lo tomaba yo cada momento que lo pensaba, teniéndola en mis brazos rodeándola y sin aún haberme ido.

 

  • Claro que ¿cuando sales? Lo digo porque tendremos que aprovechar antes de que lo hagas-

Me decía con una cara perversa.

  • Tengo que salir mañana sobre las 19:00 horas y volveré el siguiente lunes al mediodía, pero… tengo que poder salir y a este paso diablo, que no sé cómo te pudieron poner Paz salgo desmontado.
  • Jajaja ya será menos, además ¿no te gusta?-
  • Me encanta que seas como eres bichejo-

 

Estábamos tumbados relajados, felices, ambos con una sonrisa eterna y el estómago de Paz rugió en el silencio, miré mi reloj, debíamos vestirnos para ir a comer; ya que se nos estaba echando la hora encima.

 

Yo me había anticipado a pedir en el hotel, ampliar la permanencia de habitación hasta las 17:30, por lo que por lo pronto; no teníamos más que vestirnos sin las prisas de hacer las maletas.

 

La besé posando mi corazón en su boca. Me besó ampliando las fronteras de mi mundo y mirándonos, con un cariño profeso, nos dispusimos a vestirnos para poder irnos a comer.

 

Nuevamente nos vimos en un restaurante a la carta, donde la magia del fin de semana se había grabado en piel para el recuerdo, las risas alimentaban el alma, nuestras bocas se saciaban por alimentos elegidos que se saboreaban en papilas.

 

Garantizando la energía para aquellos cuerpos vitales.

 

Disfrutamos como nunca de aquellos momentos, de aquel viaje; que surcaba globos de colores en el cielo azul.

 

A la vuelta en la habitación el reloj se precipitó al vacío y Paz lo detuvo haciendo una corbata con sus brazos en mi cuello, estrechando su cuerpo contra el mío.

 

Sus ojos de felicidad brillaban como faros que alumbran un mar, placido, sereno…

 

  • Muchas gracias Javier, me encantó cada una de las sorpresas de este viaje, y aunque tengas que irte de viaje una semana, le daré cuerda al reloj para que no podamos ni notar que te fuiste.

 

 

  • Gracias a ti Paz, por rebosarme de felicidad – La dije apretando más fuerte mis brazos fusionando los huesos, que se mantenían rodeados besándose.

 

Se cerró la puerta de aquella habitación con el letrero de PASIÓN.

 

Los recepcionista una vez darnos las maletas (apartadas en la consigna) se despidieron amablemente.

 

Mientras que el trolley dispuesto en la mano de cada uno… salía por la puerta del hotel arrastrado.

 

El tiempo en el vehículo de vuelta nos hizo conversar, recordar, conocer y conjeturar inclusive; nuestro futuro juntos.

 

En la conversación deducimos sin haberlo observado antes, que nuestro tiempo casi se acababa hasta volver a vivir al regresar del viaje en una semana.

 

Yo sí o sí, inevitablemente tenía que recoger de mi casa ropa nueva, nada importante contando de manera obligada, con recoger mi maletín con un caso y los papeles para poder llevarlo.

 

Paz al día siguiente tenía que volver a la rutina del trabajo y a pesar de salir a las 15:00 horas, yo a las 19:00 emprendía mi vuelo por lo que una hora antes, tenía que estar facturando el equipaje.

 

La deje en la puerta de su casa mientras que en el coche habíamos hablado de llamarnos, y escribirnos de manera necesaria ambos.

 

Y mis prisas arrancaron el coche para adelantar mis obligaciones y así poder estar con ella aquella noche, sin que Paz, conociera mis intenciones.

 

Nunca nada ni nadie había conseguido convertirme en un Super hombre que sacara un tiempo casi imposible y se volviera a ver en la puerta de Paz a las 21:10.

 

Y debiendo tener un cansancio de tanto viaje y trajín más que evidente…

 

Me sentía pletórico por volver a verla. ¿Cómo podría soportar aquella semana sin ella?

 

Y la llame al teléfono: – ¿Que tal la vuelta cariño?, ya se me está haciendo eterno no tenerte a mi lado y solo pasaron menos de tres horas de dejarte.

 

  • Yo acabo de tender una lavadora y ahora miraré en la nevera si hay algo decente para cenar en un rato, pero yo también te estoy echando de menos.

 

Me decía con un tono mimoso.

 

  • Ummm y si me abres la puerta –
  • Jajaja dime que es verdad y estas aquí –
  • Claro, no te mentiría- (la dije llamando al telefonillo)

 

Subiendo los escalones de dos en dos como un chiquillo para llegar a su umbral.

 

 

La puerta me esperaba abierta con Paz dentro para justo entrar comerme a besos.

 

Y la noche se hizo corta para las caricias, para los bocados, las lenguas precipitadas por los cuerpos y los mimos que se amaban metidos en el mecer de sus estrellas.

 

El despertador de Paz rompió la magia de aquellos cuerpos abrazados.

 

  • Cariño sigue durmiendo luego cierra la puerta, te quiero –

 

Me quedé allí hasta que mi cuerpo no necesitaba descansar más.

 

Cogí mi móvil y tenía los mensajes habituales que arrancaban las sonrisas, y facilitaban las 24 horas de cada día.

 

Siempre solían estar acompañados con mi dosis de Paz diaria ya en una semana eso no ocurriría y me vería adicto a ella durante toda aquella semana.

 

Mi sensación era la de meterme en una eternidad hasta que pudiera volver a verme allí de nuevo a su lado.

 

Tan solo era mi sensación la realidad fue otra totalmente contraria.

 

Anuncios

6 comentarios en “Paz

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s