Después de los giros que nos va pegando el transcurso de la vida  me miraba los bolsillos mientras que arrastraba mi maleta para pedir un taxi al centro de la ciudad. Desconocía con exactitud el destino, simplemente necesitaba un lugar a corto plazo hasta volver a reestructurar de nuevo mi vida.

En pleno centro tenía un sinfín de opciones y le pedí al taxista que parase en la puerta de un hotel que por oídas ya conocía. El recepcionista del hotel “Bulevar” hizo todos los trámites para darme la habitación 347 y después de sus amables indicaciones, me dispuse a dejar mis bártulos. Había pedido una habitación sencilla ya que dada la situación,  debía de tratar de ser previsor. Abrí el grifo del agua caliente y me dispuse a darme una ducha. El agua caía por mi cuerpo abatido mientras mi cabeza trataba de mantener el temple… no hacía más que repetirme cuál había sido mi error para que ocho años de relación, se hubieran ido poco a poco marchitando, hasta encontrarme en aquel punto.

Verdaderamente no tenía ganas de comer y cuando me di cuenta, me encontraba en el bar del hotel ahogando mis penas en una copa de whisky. En la barra observaba a una mujer joven, verdaderamente atractiva, que también se hallaba observando cada caballero que entraba por la puerta. Hasta que un hombre alto se acercó hasta ella y se fueron poco antes de retirarme a mi habitación.

Mi cuerpo estaba embriagado y caí rendido en la cama. Las paredes no ocultaban el desenfreno de la habitación contigua, pasión que yo había perdido con los años y que  a mis vecinos les sobraba. Aún así, pudo más el cansancio. La luz que entró a primera hora de la mañana, me despertó y me puso en pie.

Carlos, mi amigo y socio de una pequeña empresa de metalurgia, conocía toda la situación. Como amigo que era, se había quedado al cargo de todo lo relativo a ella hasta que mi vida volviera a su cauce normal. De ningún modo deseaba que pasaran muchos días, así que abrí mi portátil me puse a buscar estudios en los lugares donde deseaba comenzar de cero.

Evitando que se me hiciera más tarde, pedí al servicio de habitaciones que me subieran varios platos de la carta, y con un ánimo diferente al del día anterior, me quedé viendo la televisión. Fue entonces cuando, en la misma habitación contigua, comenzaron de nuevo los rítmicos golpes de cabecero en la pared. Al poco tiempo, ese sonido repetitivo, se mezclo con gritos y los gritos con muchos más. Escuché caer muebles y un portazo. Todo quedó en un sepulcral silencio. Apagué la televisión. No sabía realmente que hacer, pero mi intuición me decía que tenía que ir directo al cuarto del vecino.

Mis nudillos golpearon aquella puerta

̶  ¿Señorita se encuentra bien?  ̶

Entonces, una mujer temblorosa abrió con su blusa desgarrada y su cara golpeada y ensangrentada. Con la luz del pasillo pude reconocer aquella sugerente mujer del bar.

̶  ¿Estás bien? Espera que llame a la policía.

No me dejó terminar de preguntarle.

̶  No ¡por favor! No llames a nadie está todo bien, pero… ¿te puedes quedar conmigo por si vuelve alguien? ̶

Yo estaba completamente asombrado con su reacción viéndola golpeada. No comprendía cómo no quería que llamase a emergencias. No quería ser desagradable pero necesitaba saber.

̶  Perdóname me llamo Óscar estoy en la habitación de al lado. No sé qué te ha podido suceder y no me conoces de nada ni yo a ti. Si no quieres que llame a nadie tendrás que contarme algo más. Y quieres que me quede aquí contigo por si vuelve… ¿quién?

̶  Tienes razón, no nos conocemos. Me llamo Sara. No me importa contarte lo ocurrido, Soy una de las adquisiciones de un mafioso. Digo una de las adquisiciones puesto que me sacó de un prostíbulo al igual que a otras mujeres para saciar las apetencias, tanto suyas como de los empresarios que tratan con dicho mafioso.

Mientras que hablaba se iba desprendiendo de la ropa y yo de pie impasible no sabía realmente como reaccionar. Comprendía que el estar allí me estaba metiendo en un grave aprieto. Yo que simplemente quería comenzar de cero mi vida. Entonces Sara se quedó totalmente desnuda mientras que se dirigía al baño y con un gesto, me indicaba que le siguiese.

Mis ojos recorrieron cada curva. Intentaba ponerme en la dura situación que en algunos momentos quebraba su tono de voz. Mi virilidad, difícilmente se controlaba mientras admiraba sus senos, su ombligo, sus caderas y su hermoso cuerpo pálido cubierto de pecas. Ella se metía en la ducha y yo, escuchándola poco a poco, me estaba enamorando.

̶  Necesito ocultarme. No sé donde porque me tienen muy controlada. Varias amigas mías ya han pasado a mejor vida por querer destapar todo esto. Jamás pararán si alguna de nosotras no habla; hasta la policía tiene comprado su silencio.

El agua caía por su rostro limpiando los golpes que la habían propiciado. Mi cabeza pensaba que tal vez esa habitación 347 no era algo fortuito y quizá, acababa de conocer a la mujer de mi vida, a la que trataría de ayudar para lograr sacarla de ese mundo. Sabía que no sería nada fácil.

̶  Vamos ¡Rápido! No te entretengas. Nos vamos.

Mientras que le acercaba el albornoz, recorría sus hombros y contemplaba ese deseado bocado que acababa de modificar mi vida.

Sara se dio cuenta de que estaba dispuesto a ayudarla, al igual que a mí, aunque ella eso aún no lo sabía. Y cogiendo cuatro cosas de su cuarto y la maleta de mi habitación, salimos muy discretos de aquel hotel. Con mi abrigo y un gorro la metí en un taxi mientras que pagué la cuenta en la recepción y salimos juntos de aquel lugar.

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20 comentarios en “La mujer de la habitación paralela

      1. Si aún no han salido pero todo es más fácil de lo que parece, unas copas invitadas a cargo del hotel por ejm para unos rusos puede ser la distracción, el caer por la salida que da a la lavandería, las escaleras de incendios, un vestuario que camufle a la persona… largo repertorio puede hacerla salir solo necesita un motivo y la persona idónea 😉

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