• ¡Ha llegado el momento! Nos encantaría alargar estos instantes pero no disponemos de tiempo, vuelvo a recordar guiaros por vuestro corazón muchas cosas las descubriréis cuando deban de ocurrir- Dijo la princesa Selena.

 

 

Se fueron retirando todos poco a poco, se acercaron de ambos pueblos para abrazarnos o mostrar su apoyo y cariño, fue entonces cuando nuevamente estábamos nuestro grupo, Ramsar, Jharten, dos ángeles negros más y como añadido en aquella incipiente lucha, Arthur.

 

Estábamos con nuestras cantimploras llenas, cada uno con su lanza, escudo y con algún material de lo que nos trajimos de nuestro mundo y fue entonces cuando al ver que estaba todo preparado, Ramsar nuevamente nos transporto, pero esta vez fuera de su bosque.

Nuestro primer destino al que fuimos a parar, fue  un lugar totalmente falto de color repleto de ceniza volcánica, de rocas fundidas por donde imagino, había emergido magma. Después de estar en un bosque tan colorido el cambio resultaba brusco, era como un día de sol con una tarde de lluvia y un cielo gris, pero si estábamos allí, no era para pasar unas vacaciones. Me imagino que Ramsar no quiso con su lanza meternos directamente al primer pueblo por el que pasaríamos y que antes de llegar, caminaríamos para preparar nuestro ataque y divisar si podían estar esperándonos.

 

Dentro de no poder llamarnos ejercito ya que éramos contados para poder luchar contra pueblos enteros caídos en la tiniebla… sentía que nuestras curiosas armas no nos restarían posibilidades de ganar la lucha, comencé a reírme, Stella se encontraba a mi lado y muy bajito por no saber si ya allí alguien podía escucharnos…

 

-Peter, mira que tener ganas de reírte… ¿pero bueno, qué te causa esa risa?-

-Mi niña me ha venido una tontería a la cabeza-

-bueno y… ¿me la puedes contar?-

-Si no es nada, es que he pensado que mi madre muchas veces cuando era más pequeño y sacaba mi genio si no conseguía algo, bueno me decía: mírale chiquitito, pero matón. Claro mirando los que vamos a meternos en el pueblo del que no sabemos ni cuántos son, y la naturaleza de ser todos un tanto diferentes, es gracioso-

 

Stella por unos segundos lo debió de pensar y de repente comenzó a reírse también sin poder remediarlo.

 

Billy giro su cabeza mirando hacia atrás y nos indicó que nos calláramos.

Habíamos caminado todo aquel terreno que nos había dejado las playeras totalmente grises de aquella ceniza, con ningún ser vivo o planta en toda su extensión y tuvimos que subir una pequeña montaña fue entonces, cuando Ramsar nos indico hacerlo lo más agachados que pudiéramos.

 

Necesitaba saber a que nos enfrentábamos y estando en la primera línea de la montaña los varones y, viendo que Jharten y Ramsar asomaban con precaución para divisar el otro lado, subí mi cabeza al mismo tiempo. Se veían muchísimos hombres con una peculiaridad, volví a comprobar con cuidado que mis ojos lo habían divisado bien. Aquellos hombres corpulentos tenían cuatro brazos llevaban una especie de sandalias romanas cruzadas en sus piernas robustas, y muchos de ellos disponían cruzada por su espalda una bolsa de cuero y en uno de aquellos cuatro brazos un arco, estaba claro que la bolsa estaría equipada de flechas.

 

Trate de tener memoria fotográfica para recordar rápidamente lo visto y me extrañaba no haber podido ver a ninguna mujer en el entorno de aquel pueblo, puede que estuvieran esperando nuestra llegada y a las mujeres y niños les hubieran protegido.

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11 comentarios en “Peter Samensil. 9 Los hombres de 4 brazos.

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