Para mí este será uno de los peores momentos de mi vida mientras que observo a mi madre y hermana pequeña llorar y el ataúd de mi padre va descendiendo para permanecer en nuestros recuerdos. El día se me está haciendo interminable, todo el mundo se nos acerca para dar su pésame y mi cabeza no está aquí.

Volver del trabajo esperando la normalidad de siempre y encontrarte a tu padre asesinado en el umbral de tu casa, es algo que no se borrará de mi cabeza. Con casi 21 años que voy hacer, no logro comprender y no puedo estar en estos momentos despidiéndole, porque a pesar de que mi madre no ha querido escucharme, sé que no ha sido un asesinato por robo. Estoy convencido de que algo falla.

Mi hermana Sofía tiene 13 años, hemos jugado en familia, pero… hay ciertos juegos que se terminaron hace tiempo. Cuando llegué y vi a mi padre tendido degollado, algo no encajaba en aquel puzzle, fui de inmediato para tomarle el pulso, no pude contenerme en abrazarlo y en su mano se encontraba reducido un naipe lleno de sangre. La baraja, con la que tanto jugamos cuando yo era niño, se encontraba esparcida en mi cama y únicamente faltaba aquel 5 de picas con su simpático pomo de puerta sonriente en una esquina.

Llevo la carta en mi bolsillo, sé que mi padre nos quiso decir algo, pero mi madre ni tan siquiera quiso mencionarlo a la policía. El día ha sido muy largo, tanto, que cuando hemos querido llegar a casa mi estómago estaba cerrado como un puño.

̶  Mamá no tengo ganas de cenar me voy a mi cuarto  ̶  exclamé.

̶  Pero hijo tienes que cenar.

̶  ¡He dicho que no!

Me  he ido con el pesar de saber que ellas no se encuentran nada bien, pero me va a reventar la cabeza. Me he sentado al borde de mi cama sacando con cuidado aquella carta manchada con varias gotas y he seguido las dobleces del naipe que encima me trae tantos recuerdos, ¿seis dobleces en un naipe de un hombre que para robarle le acaban degollando? Observo detenidamente el resto de cartas por todos los sitios cada una con un divertido dibujo en su esquinita. Cojo la que tengo en mi mano y me sonríe aquel picaporte.

Después de darle vueltas una y otra vez no puedo más, guardo la carta en mi mesita de noche y caigo derrotado.

 

A las 7 de la mañana me he despertado gracias a que mis sueños me han dado diferentes opciones, mi padre era un humilde camionero, sí que es verdad que tenía algún roce con su jefe pero también mi padre jamás fue un hombre de traerse su trabajo a casa y poco podría descubrir para encontrar alguna lógica. Ahora, yo me estaba anclando a mi infancia y los juegos compartidos conmigo, pero no en que la carta encontrase algún sentido y no había ninguno más evidente que aquello, indicaba una puerta. Pero una puerta de qué ó ¿dónde?

Organizaba en mi cabeza cada una de las puertas de la vivienda por saber si mi padre nos había tratado de decir algo, 8 puertas reales y luego lo que se puede considerar puertillas, las de la cocina, la de la chimenea, los armarios de los baños… Dentro de unas horas mi madre tiene que salir y me ha pedido que me quede con Sonia hoy en casa, ese será el único momento al menos para indagar todo.

Fue ver marchar a mí madre y la locura se apoderó por aclarar esta trama que hiciese que la perdida de mi padre no fuese un robo, sino lo que realmente parecía algo más importante.

Palpé cada una de las puertas al milímetro, de vez en cuando miraba a mi hermana con su móvil en la mano eclipsada en otro planeta. Entonces continuaba con la búsqueda que me estaba dejando descorazonado al echarse el tiempo encima. Solo me quedaba las pequeñas puertas, me senté en el salón mirando la de hierro forjado que cerraba la chimenea, mi hermana estaba sentada allí con aquella pantalla dejándola tonta.

̶  Sonia, ¿me haces un favor?

̶  ¿Qué quieres? Me respondió remoloneando.

̶  Echa comida y agua a Milú anda que tengo que hacer algo importante.

̶  Jo. Decía mientras que mi mirada la mataba con su respuesta.  ̶  Vale. Respondía ante la implacable mirada sabiendo que no quedaba más remedio.

No había tiempo para verla girar el salón y continuar con mi acometido sabía que tardaría algo más, puesto que cuando se acerca a nuestro gato Milú no puede resistirse a dedicarle algunos mimos.

De un brinco evitando hacer ruido, me puse a toquetear todo y entonces pude verlo pegado en el hierro inferior interno, un pequeño pendrive mientras que escuchaba:

̶  ¿Qué haces Pedro? El corazón se disparó por la sorpresa mientras que cerraba mi puño con el pendrive en el.

̶  ¡Joder que susto Sonia! Nada aquí mirando la chimenea

̶ Jajaja ¿en pleno agosto? Háztelo mirar lo tuyo no es normal. Sonó su móvil y salió disparada para mirarlo en ese momento me alegré de su atontamiento.

Subí disparado a mi cuarto mis conjeturas eran reales, metí el pendrive en mi ordenador y después de tardar un rato en leerlo… Premio. Mi cara palideció, mi padre había logrado recapitular un montón información sobre su trabajo como camionero y era una tapadera de trata de blancas.

Ahora verdaderamente descansaría en paz. Llamé a mi madre y a la policía. Mi madre llegó mucho antes para que pudiera verlo todo.

̶ Perdóname cariño jamás pensé que ese naipe infantil pudiera tener significado alguno, como bien suponías a pesar de no creerte.

La abracé fuerte y rompí a llorar lo que no había exteriorizado antes.

Finalmente la policía destapó con todas las pistas que les facilitamos esa trama encubierta y todos fueron detenidos, mi padre simplemente fue un héroe con una carta guardada en la manga.

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20 comentarios en “El gran secreto

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