Por aquí me cuelo para dejaros la continuación 😉 espero que es guste!!!! Un abrazo gigante y os deseamos un maravilloso puente a todos!!!!! 

Me di cuenta de que al final me había perdido la primera clase y fui corriendo hasta la parte delantera de la academia.

Al ir por los pasillos pude notar las miradas que se posaban sobre mí curiosas. Estaba cada vez más nervioso. Ahora teníamos música y como de costumbre yo me puse al piano. La melodía, aquella preciosa canción que tocaba mi padre, sonó sin que me diese cuenta de qué tocaba.

Elisabeth, que daba música, soltó un débil grito antes de que empezase a sangrarle el oído derecho y se marchase a la enfermería.

Estaba algo sorprendido por la reacción, pero no presté atención y continué tocando. Aquella melodía me había devuelto un cálido recuerdo en el que estaba con mis padres.

Al salir del aula Elisabeth esperaba con sus dos matones frente al invernadero. Estos chicos no se rendían nunca. Pensé que ya se habrían dado por vencidos y en cambio ahí estaban de nuevo. Miré a los tres, Amon estaba llorando.

-¿Qué ocurre?- Pregunté sin abrir la boca, siguiendo el mismo método que había utilizado con ellos hasta ahora.

Los tres se miraron con expresiones tristes y Amon se lanzó hacia mí. Supongo que trataría de volver a quemarme pero esta vez las llamas que me rodearon no me causaron dolor alguno. Era bastante reconfortante sentir la calidez de esas llamas, que poco a poco se fueron apagando. Aunque me dio cierta lástima ver como destrozaban mi chaqueta nueva.

Amon cada vez parecía más nervioso y en ese instante me gritó con un puñal en la mano, dispuesto a herirme de muerte-¡La mataste! ¡Era mi hermana!

Aunque mis reflejos eran mejores no fui capaz de esquivar el arma que se clavó a un lado de mi abdomen. El segundo intento si lo esquivé, sin embargo el tercero se clavó en mi hombro. Me alcé al vuelo agarrando el cuello de Amon, asfixiándole lentamente. Su puñal atravesó mi brazo dos veces más, antes de que se quedase sin fuerzas.

-¡No! ¡Amon!- Gritó Elisabeth quien corrió hasta colocarse por debajo de mí y se arrodilló- Ya basta… déjale…

Lo dijo en un susurro, pero oírla hizo que volviese a la realidad. Sin soltar a Amon tomé el puñal con la mano libre y se lo clavé en ambas piernas y brazos repetidas veces. Posiblemente moriría desangrándose y si no era así, tal vez decidiese dejarlo estar y se alejase de mí… Lo dejé caer y Elisabeth corrió a por él llorando.

10 comentarios en “Los ojos del demonio 15

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