Veleta o sonajero

Veleta o sonajero,

Un día la cabeza te jugó una mala pasada.

Que solo entiendes el mundo con tu propia mirada,

Y el destino no conoce si será pasajero.

Un hospital de blancas las paredes y atenciones,

Un mobiliario nulo y acolchado en habitaciones.

Un balanceo de persona con mundo imaginario en su cabeza.

Tan grande historia sumerge su pobreza

De una nuez gris en azotea, ida de vacaciones.

Que al gritar su fantasía y no entender parámetros, apresaron su proeza.

El psiquiátrico escucha gritos entre paredes,

Ves a una mujer mayor peinando a una muñeca,

Ves libros internos vestidos de blanco en la biblioteca,

Pues solo ellos tienen una llave imaginaria de poderes.

En el silencio del estruendo de personas recluidas,

Sedadas por medicaciones que dejan al adulto siendo más niño.

Mientras los familiares lloran no poder entregarles su cariño,

Más de algún ingreso… fue por razones suicidas.

La felicidad y la tristeza residen en su cerebro,

Pintado de colores o de negro…

Vuelan pájaros cada día que pasan.

Quizás todos los de fuera sean los verdaderos necios o ciegos,

Mientras el loco en su locura… las horas a segundos las desplaza.

Su sombra.

Estaba totalmente enamorado de ella, la había visto por las calles de aquel pueblo muchas veces. Se había convertido en su ilusión diaria hasta el punto de interesarse de donde podía vivir tan preciosa dama.

Convertido en su sombra, dueña y señora de aquel entregado hombre, fue recibiendo cada día en su puerta un hermoso tulipán y los días… fueron pasando, causando la curiosidad poco a poco en ella.

Su soledad siendo vacía; se había llenado de alegrías, formando un bello ramo de tulipanes.

Aquel día; ese hombre oculto en el silencio, en la sombra, en la inquietud de observarla y contenerse; saco un sol enorme cuando ella fue de nuevo a recoger el tulipán colocado por él aquella mañana.

Ese sol puso un rostro para ella, puso un corazón, puso a un hombre para dedicarse con amor y ella… no quiso nunca más sombras y se quedó con aquel Sol.

Los ojos del demonio 13

Esta es la 13 parte de esta historia!!! Como de costumbre me he colado para dejaros la continuación y os deseo un maravilloso miércoles 😉 

Ella se alejó, cargando con los cadáveres, y yo me quedé allí en silencio.

Ella era un shinigami, eso me había dicho. Yo en cambio resultaba no serlo. No tenía ni idea de qué era, decidí no asistir a clase y necesitaría un nuevo uniforme porque la camisa y chaqueta de este habían quedado destrozadas.

La noche fue larga y la luz del amanecer me despertó; se me había olvidado cerrar las cortinas. Volvía a tener las alas desplegadas y la camiseta con la que había dormido, se había hecho pedazos. Era cierto que muchos ángeles caídos habían podido existir entre los humanos, e incluso se veía bien que estos no ocultasen lo que eran. Después de todo eran ángeles, ¿no?

También eran muy pocos los que habitaban el planeta y menos aún los que pasaban de los doce años, debido a que los demonios solían acabar con ellos durante su período de crecimiento. Hasta ahí todo bien, pero nunca había profundizado en el tema y no tenía idea de como ocultar las alas que me acompañaban desde poco menos de un día.

Sasaki entró por la puerta, acompañada de Yukiko. Yo me envolví en una fina sábana de seda pero estaba claro que se darían cuenta. Una vez me puse frente a ellos pude observar sus expresiones de incredibilidad.

Me dejé caer de rodillas al suelo y la sábana se deslizó hasta mi cintura, destapando las alas que salían de mi espalda. Me sentía vulnerable, ahora más que nunca. Pero Sasaki me sonrió con dulzura y posó una de sus manos sobre mi cabello.

-Lo siento. No tenía ni idea… -Empecé a disculparme pero Yukiko me interrumpió.

-Ya lo sabíamos. Sasaki y yo somos en parte ángeles, pero no ángeles cualquiera. Nosotros no somos ángeles caídos.

-Nuestra madre nunca nos contó demasiado, nosotros no crecimos con alas. Las obtendremos cuando muramos, igual que tú. -Añadió Sasaki mientras cogía uno de mis uniformes. Me puse de pie junto a ellos, con las alas plegadas. -Nosotros no podemos ocultar nuestras alas. Pero tampoco pueden dañarnoslas con facilidad.

 

La manzana

 La manzana y su bocado

Que en los deseos te encierra,

Para un cuerpo su pecado

Medio giro en esta tierra.

Mi voluntad se destierra

De mi cuerpo a lo perdido.

Mi nueva tierra tu ombligo

Que con mis manos se aferra.

Los besos… son deseados

Los deseos son esclavos,

Y entre pieles provocados

Mieles, llenas de bocados.

Un sexo salvaje en jugos

Y los cuerpos son regados.

De más besos deslizados

Que se han clavado en el yugo.

Epidermis son manzana

Que en atracón son saciadas,

Ocultando las desgracias

Que en soledad son desgana,

Y en compañía volcadas

Son medicina que sana.

En el gemir… son gozadas.

La manzana y su bocado

Que en los deseos te encierra,

Para un cuerpo su pecado

Medio giro… en esta tierra.

Bosque oscuro

Se adentró la noche, silencios de montaña.

Los temores del miedo  que le paralizaban,

Aullidos hambrientos, sombras de guadaña,

Ocultas en el negro que profundo callaban.

El bosque se escondía entre lo oscuro,

Los pasos le perdían entre gigantes

Y los monstruos se ponían sus guantes…

Para acechar en ese pánico ¡qué os aseguro!

Se escuchaba entre imponentes árboles un corazón

Que desdibujaba en angustia la orientación,

Una vez perdido en aquel monte… se fue la razón.

Para escuchar en lo callado otro diapasón.

Eran dos los latidos alumbrados por estrellas

Y por más que miraba no se encontró destinatario.

Las horas más largas de un bosque verde y mullido siendo calvario,

Pues los negros provocan pensares, que por miedos… atropellas.

Un ovillo de frío postró su coral de columna en un tronco,

Haciendo que el reloj con su tic tac se volviera ronco,

Pero a los negros y temores acude nuevamente el día,

Donde se encuentra el camino que en la noche se perdía

Pues de miedos y temores… se agradece cuando llega la alegría.

 

Los ojos del demonio 12

Hola a todos de nuevo!!!! Soy Noe 😉 y hoy os dejo la parte 12 de Los ojos del demonio. Espero que os guste y que tengáis un precioso miércoles! º3º 

-Nosotros somos shinigamis… Ángeles caídos… Sus palabras terminaron por romper lo que me rodeaba. Creo que es exactamente esto por lo que todos parecían tan extrañados. -No somos vulgares demonios… Tampoco venimos como la muerte… -Esta vez habla a los “humanos” que Elisabeth había mandado a matarme.- Nosotros somos inmortales.

La alegre sonrisa de Zehro desapareció y volvía a ser la chica de siempre. A su espalda crecieron dos alas negras. Yo noté que me abrasaba por dentro, que algo crecía en mi interior provocándome un intenso dolor. Mi espalda se envolvió en llamas, unas llamas de color celeste que desaparecieron dejándome en su lugar dos alas de plumas plateadas. Mis ojos del color de la sangre se tornaron de plata también y mi cabello perdió el color castaño volviéndose blanco.

Zehro me miraba algo sorprendida, incluso vi en su expresión algo de miedo.

-un ángel… no es posible que un ángel haya aparecido…-Zehro tartamudeaba, nerviosa.- no… no pueden haberme enviado a por el alma de un ángel … ¿Quién eres? Está claro que no eres un caído…

-¿Qué quieres decir?

Los tres chicos habían quedado en un segundo plano, que aterrorizados temblaban entre ella y yo. Zehro levantó su mano y lanzó un poderoso rayo que mató a los tres demonios.

Estaba impactado, No era capaz de asimilar lo que acababa de ver. De un modo u otro acababan de matar a tres personas, incluso si nos amenazaban.

-Debió de haber un error… Si mi padre se entera posiblemente te mate… Por ahora será mejor no vernos más…

-¿Cómo? No, quédate aquí. ¿No querías ir a la academia? No te marches…

Hasta ahora había estado solo. Siempre creí que podría confiar en mi sombra e incluso en la muerte. Que ellos no me abandonarían, pero ahora estaba a punto de perder hasta eso…

-Eres inmortal, yo soy completamente innecesaria. Supongo que este error me va ha proporcionar unas largas vacaciones hasta que se solucione.

Eres mi diario

Eres mi diario pues eres mis días,

Mi querida mitad, mi Yuafen.

Eres las sonrisas latiendo alegrías

Eres el ancla que desea tu reten.

Entregado está mi tiempo;

Cada minuto, cada mes… tú eres mi templo,

Eres el diapasón que marca mis melodías.

Mi respirar, para mis manos el tacto entregado.

Para mis pieles… tus manos en mi cuerpo a ti dedicado.

Para mi boca los besos tiernos, perversos, en tu boca besada.

Mis ojos puestos en tu paisaje,

Único lugar de mi destino, con tu piel de equipaje,

Mis ojos quieren perderse… en tu dulce mirada.

Lo eres todo, y yo, soy más contigo de lo que era.

Eres mis estaciones paradas en una hermosa primavera,

Siempre con mariposas, que surcan alturas

Pues tu mi amado… eres la única cordura de mis locuras.